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Visibilidad de las tareas domésticas en el trabajo durante la pandemia

Durante los períodos de cuarentena tuvimos que aprender a vivir dentro de cuatro paredes sin poder salir libremente, realizando absolutamente todas nuestras tareas diarias en nuestro hogar. En este contexto, nos encontramos con una gran digitalización de las funciones laborales lo que permitió continuar con el trabajo en el hogar. Esta dinámica extremadamente personal inevitablemente te puede permitir conocer detalles muy personales de la otra persona.

Nunca se había visto que en una reunión de trabajo con colegas entrara corriendo su hija o hijo llorando, no quiere hacer sus tareas o simplemente porque sí. Con la pandemia, este tipo de situaciones suceden de forma habitual. Al comienzo causaba un poco de vergüenza, pero actualmente un ruido de este tipo, como el llamado de un timbre o un sonido de cocina, son el equivalente al zumbido de la impresora y la cafetera en la oficina. Y aquí es cuando sucede este gran fenómeno generado por las cuarentenas: nos dimos cuenta de que las personas con que hemos estado trabajando por tanto tiempo también son humanas

Tu compañera que envía esos correos imposibles a las doce de la noche o que no quiere tener reuniones después de las 6 pm, lo hace porque seguramente ella tiene que balancear el tiempo de casa con el trabajo. Pero igualmente asiste a esas reuniones y manda ese correo que nadie va a leer a esa hora porque debe demostrar que siempre está disponible y que no existe diferencia respecto a su par masculino. Ella nunca pondría como excusa el hecho de tener que cumplir sus responsabilidades de madre para flexibilizar una hora de reunión o plazo, pero ahora lo sabes y difícilmente puedes decir que no lo sabes. Y más importante, como efecto de la pandemia, ella ahora puede decirlo sin tener que sentir pudor porque resulta que todos estamos en la misma situación. 

Por otro lado, tu compañero que siempre podía quedarse hasta la medianoche en la oficina trabajando, demostrando una entrega casi total al trabajo, se ha visto obligado a compartir la carga del hogar. Viéndose en la necesidad de tener que cumplir con la difícil labor de realizar el trabajo profesional, los quehaceres del hogar y el cuidar de los hijos, todo lo que históricamente las madres han hecho.

Si bien, es triste  que llegara una pandemia de esta magnitud para reflexionar acerca de las tareas del hogar, no debemos dejar de aprovechar este impulso para normalizar nuestras condiciones personales en el trabajo. Al contrario de lo que tradicional y equivocadamente se ha percibido como mal visto, por ejemplo ser madres, trabajar desde la casa, tomarse el tiempo para ir a dejar o recoger a tus hijos, no quedarse hasta la medianoche en la oficina, entre otras cosas, no resta en el desarrollo del trabajo y no debe ser tratado como un factor negativo a la hora de considerar el desempeño, aporte o contribución a un ambiente laboral. 

Ser madre y trabajadora profesional, resalta otro tipo de habilidades blandas que solamente pueden desarrollarse cuando se tiene que combinar estos dos aspectos de la vida como el manejo eficaz del tiempo, organización adecuada de las tareas, optimización del equipo y un liderazgo maternal, es decir, una autoridad con empatía y objetivos claros.

Entre las múltiples lecciones del COVID-19, no puede quedar en último lugar que silenciosamente, por muchos años, se ha normalizado para las mujeres tener que esconder la parte maternal de sus vidas para sentir que compiten con sus compañeros como iguales con ánimos a obtener el mismo tipo de compensación y reconocimiento. Esto, cuando en realidad cumplimos un rol fundamental dentro y fuera del hogar que repercute de forma directa en la sociedad y en la economía, por lo que en vez de ocultarnos debemos destacar nuestra dualidad fascinante, natural y realmente extraordinaria. 

Queda mucho por hacer en temas de igualdad de género, pero definitivamente nos encontramos en un momento histórico no solo a nivel nacional, sino que a nivel mundial y debemos ser conscientes de esto para seguir empujando los límites que nos aquejan, para forjar un futuro donde las mujeres y hombres, con todas nuestras diferencias y virtudes, podamos pararnos hombro a hombro sin distinciones. 

 

 

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